domingo, 3 de mayo de 2015

En el bar de Nirvana.

Uno, dos, tres, cuatro, cinco tragos le pedí al cantinero, me dijo que por un instante no hay nada que este licor de dioses no pueda borrar; le tengo fe. Me senté en la mesa de las decepciones. Ya entiendo a Bukowski cuando me dijo que escojiera cualquier oficio, menos el de poeta.


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