El verbo me mira y se ríe, lo distingo entre verde, amarillo, negro y rojo.
Me persigue torpemente por las calles donde transito, y no dice nada.
Se escapó anoche, no cerraron la puerta de las nostalgias.
Al amanecer desperté y el verbo ya no estaba,
se fugó de los pesares que lo envuelven, ya no siento su respirar en mi hombro derecho.
El verbo me miraba y se ahogaba en el olvido.
Quedaron luces dispersas junto a la cera de una vela, quedé a ciegas.
No sé si me escuchaba, no sé si lo aturdía.
Yo boté al verbo por la ventana aquella noche de presagios.
Yo asesiné al verbo mientras escuchaba a Chopin... lo había olvidado.

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