Me perdí en los senderos que me llevaban al ocaso.
Fui expulsada y torturada.
Escuché los gritos de quienes clamaban por la derrota.
Caminé en tintas de sangre con mascaras de invierno,
escuché los aullidos ensordecedores del silencio.
Caminé de rodillas sobre el látigo de la conciencia.

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