El azufre me ataca los sentidos y la espiral consume las voces que escucho adentro.
Diez o doce, no recuerdo cuántas trae. Pizarnik exprime mis sentimientos, los lava y los vuelve a ensuciar.
El maíz trasciende a los cimientos de la cordura, por un instante me reflejé en la suciedad del señor Felipe, recuerdos del pasado interrumpieron la memoria, y marchitaron aquellas huellas impresas en el lodo.
Hoy él tomó el bastón mientras marchaba al son de la milicia, yo tomé el primer autobús desplazándome a lo que al final, tenuemente me trasladó a la nada.

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