domingo, 30 de noviembre de 2014

Pasos.

Tiene 70 y algo de sacos de cemento en su espalda,
el horizonte se le desdibujo en el rostro.
Las grietas de su piel esconden secretos, oro manchado por el tiempo.

Es compasivo y piadoso, las agujas del reloj han hecho estragos con su alma.
Él me mira y quiere detener el tiempo, quiere subirse a un barco y navegar por el firmamento de las estrellas.

Yo lo miro, detallando cada paso que da en nuestro espacio. Quisiera tenerlo por siempre a la luz de la luna. 

Nos hundimos en recuerdos, y yo no puedo hacer nada, sólo elogiar los trazos de su memoria. 
Él se marchita con cada nuevo amanecer, llevándose piezas de mí.

El tiempo está degollando nuestros sentidos.

¡Y yo no puedo hacer nada!




sábado, 29 de noviembre de 2014

XXII

Hagamos que  hoy no existo, que no soy yo, que soy sólo ojeras y amaneceres trasnochados.

Me observo desde el espejo de mi habitación, cómo camino, cómo me comporto, creo que me odiaría, sí, me odiaría. 

Tal vez así tuviera la oportunidad de conocerme, y vería el por qué de mi reacción al escuchar un violín nostálgico.

Bajaría por un momento el telón de la arrogancia y encendería la luz tras bastidores.

Me haría preguntas para descubrir si puedo sincerarme por lo menos conmigo misma, me preguntaría por qué lloro con los anocheceres estrellados, sin duda alguna, sería una conversación entretenida.

Una escena parecida al cuento de Borges en las orillas del río Charles. 

Me observaría mucho tiempo como método científico para hallar infinidad de respuestas a mis interrogantes.

Hurgaría en los lugares recónditos de mi cerebro, me usaría como conejillo de indias para identificar el fondo de mis tristezas, y al fin colocarle marco a mis decepciones. 

Me odiaría, tal vez me odiaría; o simplemente me daría un abrazo marchándome rápidamente, otra vez, al país de la realidad.



Muros.

El azufre me ataca los sentidos y la espiral consume las voces que escucho adentro.

Diez o doce, no recuerdo cuántas trae. Pizarnik exprime mis sentimientos, los lava y los vuelve a ensuciar.

El maíz trasciende a los cimientos de la cordura, por un instante me reflejé en la suciedad del señor Felipe, recuerdos del pasado interrumpieron la memoria, y marchitaron aquellas huellas impresas en el lodo.

Hoy él tomó el bastón mientras marchaba al son de la milicia, yo tomé el primer autobús desplazándome a lo que al final, tenuemente me trasladó a la nada.







VIII

¿Qué es la vida sino un conjunto de errores amontonados?

Un abrir y cerrar de ojos en los estrépitos del ocaso.

Un lazo rojo de cirrosis y gastritis.

Un atardecer de soles moribundos.

Un anochecer de estrellas en vigilia.

Un conjunto de organismos en extinción.

Hoy dormiré contigo tres metros bajo tierra.