Tiene 70 y algo de sacos de cemento en su espalda,
el horizonte se le desdibujo en el rostro.
Las grietas de su piel esconden secretos, oro manchado por el tiempo.
Es compasivo y piadoso, las agujas del reloj han hecho estragos con su alma.
Él me mira y quiere detener el tiempo, quiere subirse a un barco y navegar por el firmamento de las estrellas.
Yo lo miro, detallando cada paso que da en nuestro espacio. Quisiera tenerlo por siempre a la luz de la luna.
Nos hundimos en recuerdos, y yo no puedo hacer nada, sólo elogiar los trazos de su memoria.
Él se marchita con cada nuevo amanecer, llevándose piezas de mí.
El tiempo está degollando nuestros sentidos.
¡Y yo no puedo hacer nada!



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