viernes, 26 de agosto de 2016

904

A veces no me acuerdo de nada, de pronto de un alfiler que cae al suelo y hace un ruido estrepitoso, o del colibrí que estaba en medio de la calle, o del perro que se desintegró en 8 días y que con sus olores me recordaba al centro comercial.

Y entonces, sí sé fotografiar los colores del cielo o del suelo, lo que me venga a la mente primero, o como en ese instante ayer, subí al cielo por microsegundos, y se quedó en mí. Quería ir a la montaña rusa.

A veces también mi mente se convierte en un ajedrez, y expongo a mis soldados y muevo el caballo, pero también tengo que proteger a la reina; el rey no sirve de mucho; yo no sé jugar ajedrez. 

A veces también olvido la dialéctica para orar.


Y quedo ensimismada, y no hay nadie, quedo ensimismada en las nubes, y en el verde de mi jardín. El mundo me obligó a ser poeta, soy mi propio Dios de perdones y confesiones. Soy mi propio Dios, ese del cuerpo y sangre de cristo, ese; que nos dan en galletitas que se parecen a pancakes.






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