Hoy amanecí medio muerta pensando en guisantes verdes, como la vida misma. Me detengo frente a esta hoja en blanco y con mirada desafiante le digo que no podrá vencerme.
Hay un vacío que se sienta sobre la almohada y me tapa la respiración.
A veces supongo que el amor existe, cuando lo veo en el globo que explotaron en la plaza del parque.
Que grandes dicotomías nos ofrece la vida,
mi antagonismo a la sociedad, mi feminidad ya consumida en
aquellos estratos que me escupen el rostro.
Hoy es un amanecer de lluvias y pesares, del gato que se escapó y dejó comida putrefacta.
Es un día de silencio y areboles grises.
De luceros que llaman, de despedidas que nunca dije, de este fuego que me consume los pulmones.
Es un buen día para morir.
Hoy amanecí medio muerta pensando en guisantes verdes, como la vida misma.
A veces supongo que el amor existe, cuando lo veo en el globo que explotaron en la plaza del parque.
Que grandes dicotomías nos ofrece la vida,
mi antagonismo a la sociedad, mi feminidad ya consumida en
aquellos estratos que me escupen el rostro.
Hoy es un amanecer de lluvias y pesares, del gato que se escapó y dejó comida putrefacta.
Es un día de silencio y areboles grises.
De luceros que llaman, de despedidas que nunca dije, de este fuego que me consume los pulmones.
Es un buen día para morir.
Hoy amanecí medio muerta pensando en guisantes verdes, como la vida misma.










