El café sabe más amargo, en cada sorbo se diluyen palabras que el cerrojo aún mantiene prisioneras. Tu piel de espuma y una noche lluviosa, tu voz celestial en la penumbra de las nubes, tus ojos de ébano hundidos en el sofá, polvo y fragmentos de soledad desordenados en la nada; y este silencio ensordecedor que cobija tus recuerdos, me mantendré parada en lo que supongo, es el suelo firme.

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