Me quedaré con la tinta indeleble, aquella que marca la palabra y deja huella imborrable, me quedaré con la sonrisa de mi padre, con el café de las tardes y los poemas de Pizarnik.
Me quedaré con los frutos de la nostalgia, palabra imperecedera. Me quedaré en mi pozo de aguas turbulentas. Me quedaré en el humo que se impregna en los pantalones; en la antología del ser que existe y no lo sabe. Me quedaré en la autodestrucción de los soles. Me quedaré resignada al yugo de las cornetas.
Caminaré por las calles en medio de un rebaño sin rumbo. Seré la jinete de un cactus en la pradera. Taparé mis oídos hasta quedarme sin venas.

